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Charly en el Gran Rex: música del alma

El músico abrió el primero de sus seis shows con muchos temas de Serú Girán y Sui Generis. Había mucho girando alrededor de la presentación de Charly García esta semana: su cumpleaños número 60, la reelección de Cristina Kirchner, las condenas a los represores de la ESMA. Charly es un espejo del país también, sus shows son baños de argentinidad y particularmente se notó mucho en este, el primero de los seis Gran Rex que tiene programados, atravesando cuatro décadas de historia (nacional/personal) con clásicos de Sui Generis, Serú Girán y solista, como si estuviera manejando el Delorean. "¡Borom bom bom, borombom bom, esta es la banda de Say No More!", coreaba la gente desde temprano, con sus respectivos brazaletes. Sobre el escenario estaba la otra banda, The Prostitution, sostenida por las figuras del Negro García López, Fernando Samalea, Zorrito Von Quintiero y Rosario Ortega, en la difícil tarea de suplantar a Hilda Lizarazu. Charly salió con una capa de Drácula (negra y roja) con la que se deslizaba por todos los sectores a su antojo: a la izquierda tenía el piano de cola, en el centro unos teclados, y a la derecha, un Minimoog que retrotraía a los años de La Máquina de Hacer Pájaros. Una puesta futurista, con locuciones grabadas por Juan Alberto Badía y Graciela Borges, y un ojo robótico en lo alto que recordaba al HAL 9000 de 2001: Odisea del espacio. Los temas rifferos picaron en punta al comienzo ("Cerca de la revolución", "Rock and roll Yo", "No toquen") hasta bajar los decibeles con "Los Dinosaurios" y una buena aclaración por parte de García, que gritó: "¡Ya desaparecieron!". Se lo notaba de buen humor y centrado, una fiera domesticada, con smoking de terciopelo azul y pantalones de látex negro. "En la revista Gente dicen que estoy haciendo yoga, ¡en mi puta vida hice yoga!", bromeó en un parate antes de largar con "Nos siguen pegando abajo". Buen clima familiar se vivía en el Gran Rex (los vallados VIP todavía no llegaron a los teatros, ejem), un público multifruta que hermana a rolingas, hippones, progresivos, cuarentones, niños, embarazadas, parejas, adolescentes, extranjeros y acomodadores que, sí, también se sabían todos los temas. Las primeras perlitas fueron "Confesiones de invierno" (más cantada por el público que por Charly) y "Tango en segunda" (presentada por su autor como "un tema que escribí una noche viajando en taxi por Rivadavia, altura Medrano") con buenos aportes de Samalea en bandoneón. Fueron versiones remozadas, mucho más ágiles que las originales. Lo mismo pasó con "Viernes 3 AM" y "La grasa de las capitales", que interpretó solamente la sección de violines y cello. Juanse se sumó como invitado -un habitué- en "La sal no sala". Cantó, tocó, soleó con su guitarra y se fue. El hilo de los '90 siguió con "Chipi chipi" y "Me siento mucho mejor" (en la lista de temas figuraba cariñosamente como "Byrds"), que incluyó menciones a María Gabriela Epumer, Mercedes Sosa y Gustavo Cerati. Y también un guiño kirchnerista: "Un aplauso para la presi, que me tiró muy buena onda". La gente le cantó el feliz cumple en el intervalo ("un año menos", ironizó, como aquella noche acuática en Vélez) y volvió a escena para otro doblete de Serú ("Desarma y sangra", "Eiti Leda"). Después de los bises y los recontra bises, cuando pasaban los créditos en las pantallas y los fans se retiraban con el Himno Nacional Argentino de fondo, reapareció muy entusiasmado en musculosa negra (esa que antes le quedaba tan holgada y ahora tan justa): "Me dieron ganas de seguir tocando, vamos con una que no ensayamos nunca, pero que por alguna razón la sabemos todos". Y ahí nomás arremetió con el famoso "Hubo un tiempo que fue hermoso..." que tanto emociona, y cerró con "Instituciones", ¡Charly y las Bandas Eternas!

01.11.2011. 00:00

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