Aerosmith en La Plata: Rock para los dientes
La banda liderada por Steven Tyler se presentó en el Estadio Único ante más de 40 mil personas.

El ojo morado parecía representar para él tan sólo la marca física de una travesura que lo llenaba de orgullo. Nunca se vio a alguien que acaba de perder dos dientes en lo que fue el resbalón del año de tan buen humor. Steven Tyler sabe reírse de sí mismo. Unos 40 mil lo constataron anoche junto a Aerosmith, la banda que lidera desde hace 41 años, y resulta difícil encontrar testigos incapaces de reconocer que el tipo tiene carisma. Que se desvive por entretener y es un maldito demonio del rock.
La cita empezó con solo diez minutos de retraso. Nada, si se tiene en cuenta la demora de dos horas en la autopista Buenos Aires - La Plata a causa del recital y de la rutinaria aglomeración de autos de cada viernes vespertino. La expectativa por la llegada de Aerosmith a la Argentina era grande: la última vez que vinieron fue en 2007 y aunque hubo gira por Latinoamérica el año pasado, la presentación en Buenos Aires se canceló. Y la buena cuota de demagogia colaboró a remover esa espina. Varios "Buenos Aires", otro tanto de "Argentina" y de "gracias" sumado a banderas albicelestes proyectadas en las pantallas cada dos por tres, sirvieron para demostrar que alguna idea de dónde estaban tocando tenían.
Sin embargo, lo que realmente conquistó fue algo que nada tiene que ver con la nacionalidad. Tyler encontró desde su inglés bien american un código para entenderse con su público. Entabló una conversación, especialmente con quienes estaban en el sector más cercano al escenario, el controversial campo VIP. Hacia ellos volaron sus gafas oscuras, las que se sacó para mostrar el moretón (más algunas púas de Joe Perry); así inició una suerte de pelota paleta con las remeras y banderas arrojadas desde el público. Tyler jugaba con Aerosmith, y todo lo que su concepto implica, a sus espaldas.
El show se inició con un video de imágenes históricas. Esa misma línea de repaso de grandes éxitos se mantuvo en el setlist. Las más rockeras para el comienzo: "Draw The Line", "Same Old Song and Dance", "Mama Kin". "Janie's Got a Gun", para bajar un poco los decibeles del pogo y evocar esa melodía de origen blusero que los define. Con los primeros acordes de "Living on the Edge" y "What it Takes" el público se preparó para corear; algunos, para quedarse sin garganta.
"Dios está llorando", gritó Tyler, cuando las luces le mostraron que diluviaba. La lluvia generó el clima ideal para el tema que seguía: "I Don't Want To Miss a Thing". El vocalista de pie en el extremo de la pasarela central cantó con los ojos cerrados, saboreando cada nota y cada gota en su cara. Instantes después se le sumó "Joe 'fucking' Perry" y la evidencia de que, juntos, son pura complicidad, pura química. Mientras cantaban, sus pelos largos y sus bocas gigantes parecían confundirse en una sola y genial cabeza.
Todos los integrantes de la banda tuvieron ocasión de lucirse: Joey Kramer descolló con su solo de batería, en el que hasta tocó a cuatro manos con la ayuda de Tyler. Joe Perry cantó "Stop Messing Around", cover de Fleetwood Mac. Tom Hamilton brilló con su igualmente brillante bajo, y Brad Whitford hizo lo propio como segunda guitarra.
Los hits del final fueron más fuertes que el diluvio: "Crying" enloqueció a todo el estadio y Tyler gritó más agudo que nunca. "Sweet Emotion" llegó para alegrar los corazones con un flashback directo a los comienzos de la banda. Luego, la legendaria "Dream On", tan significativa para el cantante como para sus seguidores, unió las voces de todo el estadio en una. No podían faltar "Love in an Elevator" y el cierre esperado: "Walk This Way".
El demonio del grito y su banda hicieron justicia a sus cuatro décadas de historia. No hubo sorpresas, pero sí satisfacción. Aerosmith hizo gala de su vigencia, y la Argentina puede jactarse de haberlos aplaudido, una vez más.
31.10.2011. 13:29
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